Sobre el balance y otros cuentos…
He parado de postear desde hace un poco más de un mes y la razón es sencilla: me estaba preguntando qué es lo realmente importante para mí en este momento en mi vida.
Para no darle muchas vueltas, intenté recuperar el papel y el lápiz (antes de que se me olvidara escribir) y dibujar mi balance actual. Identifiqué los ocho elementos claves que definen mi equilibrio en este momento: Familia, Amigos, Amor, Profesión, Físico, Prosperidad, Hobbies y Espíritu.
Es un proceso tremendamente interesante y tremendamente simple que puede tener un impacto gigante en la perspectiva que tenemos de cada uno, de nuestros vacíos más importantes y de hacia dónde en definitiva deben estar dirigidas nuestras acciones.
Más allá de mis conclusiones personales, quiero compartirte cosas más genéricas que tal vez puedan servirte sobre todo si estás emprendiendo o si estás en el exterior o si en general, estás viviendo situaciones intensas que te tienen en este momento sintiendo que vas por un ciclo “bajo”.
Por ejemplo, me di cuenta de que vamos aprendiendo un montón por la vida (de personas, de lugares, de experiencias) y que olvidamos gran parte de eso porque sencillamente no tenemos como ponerlo en práctica. Eso hace que estemos reaprendiendo cosas que ya sabíamos y que “perdamos” ese tiempo repitiendo algo que supuestamente estaba en su sitio. El “perdamos” está entre comillas porque en realidad no tiene nada de malo reconstruirnos constantemente: eso demuestra que sólo aprendemos algo hasta que lo hacemos nosotros mismos y son estos ciclos bajos los que te lo enseñan.
También me di cuenta de que estamos tremendamente influenciados por los medios, las tendencias, los estereotipos y demás que implícitamente condicionan nuestro balance a 2 ó 3 elementos siendo la prosperidad, el físico y tal vez la profesión los más importantes. Encontré especialmente retante entender que por ejemplo, mi profesión es sólo 1/8 de todo mi balance pero que sin embargo por alguna razón le atribuyo un impacto muy grande en mi satisfacción.
Es también interesante ver cómo tenemos siempre 2 ó 3 detonantes, es decir: elementos de nuestro balance que si no están activados no desencadenan a los otros. Por ejemplo, me di cuenta de que necesito estar en mucho movimiento en actividades intensas para que quiera emplear mis hobbies. Todos los elementos de balance están interrelacionados pero hay que comenzar por algunos.
Hay un aprendizaje clave en el hecho de que tener vacíos no implica tratar de llenarlos con lo que tengás a la mano. Por ejemplo, si tienes un vacío amoroso, no lo puedes llenar con el trabajo o con tu dinero.
Para el emprendedor el tema del balance es un tema vital.
Estamos acostumbrados a escuchar que un emprendedor es un trabajador incansable que sacrifica su vida personal por sacar un proyecto adelante que le apasiona enormemente. Es la forma en que nos lo han vendido y de alguna manera es gran parte de la realidad. Sin embargo, quiero retar este hecho.
Para mí emprender es un proceso de aprendizaje que te va sometiendo a situaciones tremendamente retantes que en otro contexto más cómodo (por ejemplo, una empresa) no vivirías. Ese aprendizaje te va mostrando con los años por ejemplo, qué es lo realmente importante para ti, para qué eres realmente bueno, hacia dónde debe orientarse tu impacto, cómo está realmente funcionando el mundo que te rodea, etc. Te va haciendo un mejor ser humano, más humilde, más tolerante y más noble. Es un proceso de vida, largo y cíclico que no puede ser llevado a la ligera si realmente tienes la vocación de emprender.
Pero el emprendedor es capaz de pasar a través de los años en ese proceso sí y sólo si, tiene una familia que le represente un soporte emocional vital, tiene buen estado físico que le permitan sobrellevar las altas jornadas laborales, tiene una noción de progreso constante basado en pequeñas victorias económicas que lo hacen cada vez más próspero, tiene círculos sociales con los que crece y se desarrolla y en los que sobre todo, logra ser auténtico: él mismo.
Logra vivir el emprendimiento si tiene la certeza de que hace lo que le gusta, con quien le gusta y cómo le gusta y si cuenta con espacios de esparcimiento personales constantes. Sobre todo, el emprendedor es capaz de soportar el proceso si su espíritu está contento, si está en paz consigo mismo y si siente que tiene un rol en el mundo y lo está caminando.
Cuando nacemos lo hacemos en equilibrio y es algo que perdemos en algún punto y que paradójicamente nos pasamos buscando por el resto de nuestros días. Estoy comenzando a ver el emprendimiento como un tema más de cómo manejo mis vacíos y de cómo logro equilibrarlos: no sólo de cómo crear una empresa.
No es acerca de la idea de negocio que se te vino a la mente. No es acerca de escribir un plan de negocios y de enviar propuestas. Emprender es acerca de saber vivir tu vida en equilibrio mientras le agregas valor a tu comunidad.
¿Cómo está tu balance?, ¿Podrías manejarlo para emprender?.
¿Quieres un Súperpoder?
Después de casi 2 meses de haberme desprendido del empleo que tenía he comenzado a sacar algunas conclusiones iniciales sobre lo que tiene pasar por el proceso de olvidarte de la vida laboral tradicional y convertirte en tu propio jefe. Como me diría una amiga en algún momento, “nada es tan bueno como parece y nada es tan malo como lo pintan” y el “volverte” emprendedor no escapa a esta realidad.
Digamos que la libertad ésta de la que he hablado en posts anteriores (acá) es deliciosa. A ver si logro darles una idea más concreta:
Por ejemplo, puedo escoger en qué tarea enfocarme y puedo ir pasando de una en una con base en mi propio criterio. Cuando eres empleado estás a la merced de los caprichos corporativos de un jefe.
El “cómo” lo hago, también está en este momento bajo mi decisión. En las empresas usualmente nos dicen “la mejor” manera de hacer cosas y así tengamos a la mano un mejor know how, no necesariamente podemos ponerlo a servir.
El hecho de poder administrar mi tiempo a mi antojo y decidir si dedico 30 minutos más a nadar, a leer noticias o decidir si me quiero quedar hasta la 1 AM terminando un pendiente. Los horarios los creo yo y hago que convengan a mi bienestar y no al bienestar de la empresa.
Me gusta mucho escoger también el lugar en donde trabajo. Algunas veces me apetece trabajar desde casa, otras me voy a la librería, otras me voy a un café, etc. Cuando estoy en casa, puedo estar con mi novia, tomar breaks regando plantitas y darle comida a mis pericos y en general, puedo estar más presente para las cosas realmente importantes. Cuando tenga hijos por ejemplo, no tendré que desaparecer 8 ó 10 horas al día y perderme así cómo crecen.
También me encanta poder conectar mi trabajo con quien quiera en la tarea que quiera. Ahí es donde realmente veo que estoy aprovechando mi red. Cuando estás en una empresa tienes que trabajar con quien te toque y no hay opciones.
Finalmente, lo más invaluable del asunto, es que siento todos los días que estoy trabajando para mi gente, para mis ideas y para el futuro que quiero. Ahora siento que tengo la respuesta a la pregunta “¿cómo me gustaría pasar mi tiempo en esta vida?” mucho más clara.
El cuento se pone más interesante cuando me doy cuenta de que en realidad logro más en menos tiempo cuando estoy más balanceado y la flexibilidad que tengo ahora me lo permite. Estamos acostumbrados a pensar que entre más sentados estemos frente al computador, más cosas vamos a lograr pero en realidad no es así. La realidad es que somos más productivos cuando más equilibrados somos en todos nuestros planos relevantes: salud, pareja, amigos, dinero, espíritu, etc.
Sin embargo, no todo está a mi favor en esta experiencia. Comenzar a emprender implica pasar por un proceso profundo de cambio de mentalidad que muchas veces puede llevarte a cuestionar si en realidad, lo estás haciendo bien o no. Creo que el reto más grande es aprender a manejar una libertad que nunca tuviste.
Manejando la Libertad
Por momentos siento que esa libertad es demasiada y que el espacio que tengo es más grande de lo que necesito. Ese hecho me ha jugado en contra en algunas ocasiones porque me encuentro haciendo mucho de lo uno y muy poco de lo otro o simplemente desordenado. También, es común estar constantemente presionado por el hecho de que ahora toda esa libertad hace que las cosas dependan 100% de mí y que la responsabilidad que adquirí al tomar la decisión de emprender tiene implicaciones muy claras: tenés que conseguirte el dinero que tendrías si trabajaras en una empresa.
El ambiente de trabajo también puede hacerte falta, porque en una empresa estás rodeado de gente, puedes saludar aquí, conversar allá y dispersarte un poco con otras personas. Cuando trabajas solo, tienes el skype para generar ese contacto. También, cuando estás trabajando desde casa, hay una serie de cosas que pueden distraerte, como el hecho de que llegue una visita, de que la persona con quien vives llega de trabajar y quiere encender la TV, de que tengas que ponerte a lavar platos luego de haberte preparado el almuerzo, etc. En una empresa todo el personal está en el mismo rollo y listo.
Sin embargo, creo que la reflexión es un poco más profunda. Creo que este proceso de comenzar a emprender se trata mayormente de aprender a manejar tu libertad que por cierto, nunca nos perteneció completamente.
Desde que estamos en la primaria y luego en el bachillerato nos han dicho qué hacer y cómo hacerlo. Para los que estudiamos en colegios católicos, el efecto es mucho más atenuado. Para colmo de males, el gran mensaje de la universidad es que lo mejor que te puede pasar es emplearte cuando la termines porque así vas a poder hipotecarte y vas a poder encontrar una esposa igual de hipotecada para que ambos, puedan construir un futuro prestado. Llevamos desde que nos están educando – en promedio 17 años – escuchando qué debemos hacer y cómo. La pregunta es:
¿Cuándo en todo este tiempo nos dieron un espacio claro para crear, proponer y sencillamente pensar cómo lo haríamos nosotros?
Creo que la educación que se nos dió hace que inconscientemente asociemos la libertad con inseguridad e incertidumbre y por eso sin darnos cuenta, tratamos de evadirla. No es de extrañar entonces que me cueste manejarla: es como si de la noche a la mañana me hubieran dado un súper poder y en realidad ¿quién se quiere complicar la vida manejando uno?.
Ya me la estoy complicando porque así el ratito que tenemos es más divertido, pero me intriga: ¿te la querés complicar vos?
Joaco en SebasThoughts.com
Y comenzamos así nuestro primer ciclo de Microproyecciones.
Todos, en más o en menos medida, nos hemos relacionado últimamente con el término “micro“: se oye hablar de microcréditos, microseguros, microdonaciones, microfinanzas, microempresarios, etc. ¿Pero qué tal si pensamos en micropáneles solares?
Hay dos puntos claves en el pensamiento de Joaco: el micro y el macro. Yo no puedo evitar asociarlos a dos realidades que se contrastan en los modelos económicos de hoy. Una son los monopolios (lo macro) que fueron, son y serán siempre composiciones convenientes de personas, medios, acuerdos y recursos que tienen como único fin preservarse a sí mismos y progresivamente ir haciéndose más robustos. Y la otra es todo aquello que buscar darle accesos justos y claros al ciudadano común: lo micro.
Conocemos tradicionalmente los microcréditos pero qué hay por ejemplo, de los microseguros? (ver). Éstos buscan permitirle a pequeños negocios y a personas de escasos recursos protegerse de los “caprichos cósmicos” como lo hace tradicionalmente alguien que tiene los medios. ¿Qué pasa si el padre cabeza de familia muere?, ¿si el negocio de empanadas caseras se lo lleva un incendio?
El mecanismo es simple: una organización con dinero pone los recursos (como AIG por ejemplo), una ONG reconocida por la comunidad pone la supervisión y el seguimiento a través de agentes que capacita (personas de la misma comunidad) y estos agentes van a los hogares a explicar el seguro, lo que implica, etc. Así el riesgo está repartido.
Otro tema innovador relacionado son las microdonaciones. Eso lo entiende Kiva (ver), portal que conecta emprendedores alrededor del mundo no con capitales de riesgo, ni con fondos del gobierno ni mucho menos con bancos. Los conecta con personas naturales a las que les gusta este tipo de causas y poseen 50, 100 ó 200 dólares extra que tienen un mejor uso permitiéndole a una señora al otro lado del mundo comprar una máquina de coser. Personalmente me parece una idea brillante.
Así, cuando Joaco habla de micropáneles está apuntando precisamente a la virtud de todo elemento que está basado en modelos a escala: es muy accesible económicamente, está tan democratizado que no se puede monopolizar y puesto en sumatoria con el resto de elementos, causa un impacto mayor que el de todo el monopolio.
Poniendo un ejemplo, 1 microcrédito del Grameen Bank (ver) es accesible por 1 ama de casa porque es barato, es accesible por toda la comunidad de amas de casa porque las condiciones son las mismas para todas y el empleo que generan todas esas amas de casa con sus microcréditos es mayor al que genera la tradicional empresa monopólica del sector.
Tenemos una gran oportunidad con estos formatos “micro” a pesar de que los monopolios estarán ahí para dificultarlo: ¿qué tan conectados estamos nosotros como personas para incorporar este tipo de iniciativas a nuestros modelos mentales?
Te gustaría estar en SebasThoughts.com? Contáctame acá y trabajemos
La mentira Green.
El post pasado fue casi que emocional y mi objetivo a través de él se logró: me desahogué. Vamos a dar ahora el siguiente paso adelante que es comenzar a meterle un poco de perspectiva al asunto.
Un poco de pasado
Hace 150 años comenzó la revolución industrial en los países hoy conocidos como industrializados. Durante este tiempo comenzaron a emitir cantidades desmedidas de CO2 a la atmósfera, hecho que rompió con un ciclo bien conocido por todos: parte de los rayos del sol que entran al planeta se quedan en él (lo que es bueno, porque gracias a eso se conservan las temperaturas) y parte de ellos sale, lo que también es bueno ya que así no nos cocinamos como pollos adentro. Digo que rompió con el ciclo ya que llegamos a un punto en que el CO2 emitido formó una capa antes de la de ozono que hizo (y hace) que cada vez menos rayos del sol pudieran regresar de manera infrarroja al espacio. Esto es lo que generó y genera más calentamiento interno.
La naturaleza del ser humano se vio claramente plasmada en la forma en que evolucionamos la solución del problema: nos hicimos los de la vista larga cuando alguien comenzó a hablar de él pero lo comenzamos a notar cuando ya generó sus primeras consecuencias (sin que éstas nos tocaran a nosotros, claro). Cuando nos dimos cuenta que era difícil ignorarlo, pedimos un montón de pruebas, investigaciones y estudios que nos demostraran con argumento que el problema sí existía. Luego aceptamos el problema pero a medias: en el fondo pensábamos que no todo era tan malo como lo pintaban y no nos pareció que debíamos afanarnos tanto para erradicarlo de una vez por todas (eso habría implicado reubicar recursos que ya estaban produciendo en otra parte y al fin y al cabo: ”la vida es muy corta y para qué estresarnos ¿no?”).
Cuando ya nos tocó convencernos de que el problema era real y que nos podía afectar, comenzamos a poner de nuestra parte y firmamos a regañadientes el conocido Protocolo de Kyoto (verlo) que en más o menos palabras, busca que en el 2012 estemos en los niveles de emisiones de CO2 de 1990.
Un poco de presente
El protocolo avanza cojo. Unos países sí y otros no (ni US ni América Latina estamos regidos por él). Como diríamos en mi tierra, a la “topatolondra”. A medida que los países avanzamos en el protocolo, se van generando otro tipo de situaciones “interesantes” como las siguientes:
- Se están comenzando a generar tensiones militares (artículo) entre algunos países debido a que el calentamiento derrite algunas zonas que los separan, por lo que sus fronteras cambian. Un par de ejemplos son las fronteras de Suiza e Italia (acá seguro no habrá conflicto) o las de India con China y Pakistán (el caso India – Pakistán ha producido conflictos desde la repartición de tierras en 1947).
- Se han generado disputas en la última reunión del G8 (artículo) en Italia entre las economías desarrolladas y las 5 emergentes invitadas (China, India, Sudáfrica, Brasil y México) las cuales defienden su derecho a industrializarse tal cual como lo hicieron las primeras en el pasado. India por ejemplo, dice que sólo aceptará un acuerdo en el que sus ciudadanos puedan emitir tanto CO2 como los de las naciones industrializadas (¿sabrán lo catastrófico que esto sería?).
- La Organización Internacional Marítima ha demorado la decisión (artículo) para subir los costos del combustible para barcos y buques. La medida busca no sólo presionar la aparición de la eficiencia en el consumo, sino que también pretende utilizar el excedente de ese dinero en proyectos de países pobres para combatir el cambio climático. La razón de la demora es simple: no se pudieron poner de acuerdo.
- El hecho de que el polo norte esté derritiéndose no es catastrófico del todo (artículo), al menos para un puñado de empresarios petroleros y navieros que saben de las reservas de combustibls fósiles que hay debajo del casquete polar y que no son accesibles ahora y además, que tienen muy claro que se abriría un canal entre los océanos Atlántico y Pacífico (lo que les daría una alternativa al Canal de Panamá para cruzar sus productillos). Son 5 los países que reclaman sus derechos: Rusia, Noruega, Dinamarca (a través de Groenlandia) Canadá y US (a través de Alaska).
Un poco de reflexión
Déjenme entender algo sobre estos 4 ejemplos: los líderes de los países que pueden tomar las decisiones importantes están más preocupados porque sus fronteras se mantengan, porque sus ciudadanos puedan emitir el CO2 de un país industrializado, porque se puedan aprovechar las oportunidades que nacen del deshielo del norte y además, no se pueden poner de acuerdo en lo poco que se pone sobre la mesa. Creo que este es uno de esos momentos en los que desde mi escritorio en Barcelona a mis 26 años y con mucha impotencia dices: Qué mierda!
Un poco de cruda reflexión
Si quieres que hagamos un ejercicio te invito a lo siguiente: entra a Breathing Earth (acá) y deja que pase 1 minuto. Cuenta el número de personas que nacieron, las que han muerto y saca la diferencia. Luego cuenta la cantidad de toneladas de CO2 que han sido emitidas. En el minuto en que hice el ejercicio:
404 personas nacieron y 138 murieron. Hay un excedente de 266 personas nuevas. Además, se emitieron 65.000 toneladas de CO2.
Nuestra cruda realidad es que no tenemos mucho tiempo, que estamos en una etapa de consecuencias y que estamos en las manos equivocadas. A lo mejor todo este tema Green es una mentirita. O a lo mejor es cierto y es nuestra naturaleza humana la culpable de que no podamos trabajar seriamente por recuperar lo perdido en el planeta.
Un desahogo Green.
Vamos a parar ya. Vamos a dejar de hacernos los de la vista gorda, o los que no lo vemos, o los que no lo notamos, o los que no lo sentimos o los que no lo sabemos. Vamos a dejar de hacernos los tontos con el tema.
Frustración. Es la palabra que mejor podría definir en este momento lo que siento luego de unos meses de estudiar, mirar, observar y analizar lo que realmente está pasando con el planeta. Me frustra ver cómo parece que todo el planeta en conjunto se hubiera puesto de acuerdo para no creer lo que ya sabe; que en algún momento nos hubieran dotado de una capacidad extra para ignorar las cosas; que no fuera nuestro problema y en el mismísimo fondo de nuestro corazón conserváramos la esperanza de que alguien más ha de venir a solucionárnoslo.
Parece que no viviéramos en una realidad en la que al petróleo le quedan 40 años, al gas natural 60 y al carbón 200. Es como si no supiéramos que los precios de la energía aumentan constantemente y que ya estamos comenzando a ver las primeras muestras de migración climática humana. Como si no supiéramos que el transporte produce el 38% del consumo de energía del planeta, la industria el 37% y nuestras residencias el 12%. Tal como si no hubiéramos leído antes que el petróleo es el 50% de nuestras fuentes de energía activa, que el gas es el 31% y que las energías renovables son sólo el 2%.
Se nos olvida que las emisiones de CO2 han venido aumentando de forma constante y sostenida desde 1958 y que el planeta es cada vez menos capaz de absorberlas debido a su creciente abundancia y al decrecimiento de la cantidad y calidad de flora capaz de capturar estas emisiones: en los últimos 650.000 años la concentración de CO2 nunca superó las 300 partes por millón y ahora estamos en 500, pudiéndose triplicar este número en 50 años. No asimilamos que los últimos 10 años más calientes han estado dentro de los últimos 14 años medidos y que el año más caliente fue el 2005, en el cual se registraron alrededor de 35.000 muertes por ondas de calor en Europa Occidental y se registró el récord de huracanes en el Caribe y de Tifones en Japón (a mayor calor en los océanos, mayor velocidad y humedad adquiere el agua lo que la hace más apta para fenómenos de este tipo).
Nos negamos a ver que los glaciares del Himalaya están derritiéndose aceleradamente y que de ellos depende el agua del 40% de la población del mundo, que el efecto del calentamiento impacta muchísimo más en el Polo Norte (en el 2003 por primera vez se quebró por la mitad), que la Tundra canadiense pasó de ser transitable 225 días al año a 75 días al año y que desde 1970, el Polo Sur se ha derretido en un 40%: si se derrite la mitad de éste y la mitad de Groenlandia los niveles de los océanos subirían 6 metros lo que equivale a que lugares como Holanda, las costas Shanghai y de Beijín, Florida, Bangladesh y otros, desaparecerían.
No queremos ver delante de nuestros ojos una realidad tan clara:
Lo efectos sobre el planeta ya están sucediendo: hemos entrado en un periodo de consecuencias.
Es un tema de cada uno de nosotros y de cómo estamos o no dispuestos a rediseñar nuestros hábitos, nuestras intocables comodidades y nuestra sagrada “zona de comfort”. Es un tema de qué tan capaces somos de tomar decisiones dolorosas que costarán. Es un tema de cuánto tiempo nos va a tomar reaccionar antes de presenciar o ser parte de muchos desastres naturales que están por venir. Es un tema tuyo y de nadie más porque nadie más lo va a arreglar si tu no comienzas. Es un tema tuyo y lo sabes.
Hay muchas preguntas que pueden surgir: ¿entonces qué podemos hacer? ¿Por qué sólo dices esto y no propones soluciones? ¿Qué sigue después? Ya iremos construyendo éstas respuestas. Por ahora me declaro satisfecho porque gracias a ti que me leíste, pude desahogarme.
Acción: Los 15 del emprendedor
Luego del sincero y directo post anterior, es claro que es hora de algunas soluciones. Comenzar a emprender es muchísimo más difícil que comenzar a trabajar en una empresa pero a la larga, es el precio que pagas por tener tu libertad a la mano. Trataré de brindarte una serie de pensamientos que he venido recopilando y puliendo con mucha salivita a ver si nos sirven de algo.
Antes que nada, hay que saber qué es y qué no es un emprendedor. Para ilustrarlo, he aquí algunas frasecillas de algunos personajes interesantes sacadas de este artículo de The Economist.
Comenzamos con: “The defining characteristic of entrepreneurship, then, is not the size of the company but the act of innovation”. Es de Schumpeter. Buen pedigrí intelectual el de la frase ¿no?. Seguimos con: “The Entrepreneur is someone that upsets and disorganises. Entrepreneurs innovate. Innovation is the specific instrument of entrepreneurship.” de Peter Drucker, el Gurú del Management que todos conocemos. Ahora con ésta refiriéndose al emprendedor: “The bold and imaginative deviator from established business patterns and practices”. William Baumol, uno de los economistas líderes en el campo del emprendimiento. Howard Stevenson una de las personas que más lidera el estudio del emprendimiento en la Harvard Business School dice acerca del emprendimiento: “the pursuit of opportunity beyond the resources you currently control”.
En mis propias palabras, el emprendimiento es un acto irracional que está guiado por inmateriales – como las corazonadas y el instinto – que rompe directamente con algunos de los esquemas más “sagrados” que tenemos y cuya cadena de valor se desarrolla a través de ciclos intensos de éxitos y fracasos lo que con el tiempo, crea individuos completos, íntegros y capaces de cambiar las sociedades.
Desde mi punto de vista, estas son las 15 cosas que debemos tener en cuenta para dar ese primer paso:
- Si vas a emprender, hazlo con el corazón y no por necesidad: la vocación del emprendedor determina su éxito.
- Sé absolutamente práctico y simple: no pierdas tiempo y energía en detalles que se arreglarán en el camino.
- Enfócate y reenfócate: al emprender hay miles de cosas a las que ponerles atención, pero no todas son vitales.
- Activa tu red: “si quieres ir rápido ve solo, pero si quieres ir lejos, ve acompañado”. Proverbio Africano.
- Hazlo transitoriamente: mientras estás empleado, comienza a trabajar en tu proyecto. Saca espacio los fines de semana. Disminuye tu jornada laboral a la mitad, etc.
- Ten un fondo de emergencia y sal de deudas: idealmente y dado el riesgo implícito en emprender, trata de estar lo mejor que puedas con tus finanzas.
- Multiplica tus previsiones de gastos por 2 y divide tus ingresos estimados por 2: siempre, siempre y siempre pasa! Nos gastamos más de lo que creemos y nos entra menos de lo que esperábamos.
- No dejes que tu proyecto dependa de una subvención: las subvenciones deberían ser complementos. No puede ser que si no la obtienes, no puedas emprender.
- Sé honesto contigo mismo, con tus clientes, con tus proveedores y con tus trabajadores: no antepongas el negocio a tus principios.
- Sé sincero cuando hay problemas: si tienes alguno, sea cual sea, explícaselo a tus clientes, proveedores o trabajadores. Aunque no lo parezca se agradece más esto que ignorar las dificultades o mentir sobre ellas.
- El cliente no siempre tiene la razón: una cosa es tratar bien a tus clientes y otra dejar que abusen de tí. No por el hecho de que necesites ingresos, debes ceder a toda petición.
- Trata de atar muy bien plazos, pagos 0 condiciones: las ganas de hacer tus primeros trabajos pueden hacerte saltar algunos requisitos imprescindibles que puedes acabar pagando muy caros. Si un cliente no acepta determinadas condiciones, mejor déjalo pasar: dormirás mas tranquilo.
- Sé agradecido, pese a no conseguir tus objetivos: es muy posible que al principio no consigas demasiados contratos, pese a que pasas propuestas como loco. Puede ser frustrante, pero no dejes de ser agradecido por ello. Un simple email dándole las gracias al cliente por todo puede acabar siendo un próximo proyecto.
- Elige muy bien a tus socios: es bastante habitual que se junten varias personas en un proyecto sin conocerse a fondo. Cuando las cosas se dan normalmente no suele haber problemas, pero cuando van muy mal o muy bien es cuando comienzas a conocer a las personas.
- Haz otro tipo de actividades: dedicar parte de tu tiempo a labores no remuneradas es a la larga muy rentable, aunque lo estés haciendo sin pensar en el dinero. Cosas como el mentoring, participar en redes de emprendimiento, dar charlas, etc, tienen potencial a futuro.
Desde TU PUNTO de vista:
¿Qué otras cosas podríamos tener en cuenta para comenzar a emprender?
Creo que entre todos llegamos a mejores conclusiones.
Adivina qué: Me han despedido!
Y no es un título con el que busco causarte curiosidad y hacerte entrar al blog. Ayer tuve una reunión con mi jefe en la que me comentó que debido a razones presupuestales y a la falta de liquidez de la empresa, era necesario hacer recortes y que por ende, sólo me quedaba 1 mes de trabajo. Aclaro que mi jefe tiene buen corazón y trató de dar el difícil paso de una manera humana.
Vamos a mirar éste tema desde una perspectiva que nos sirva a todos. Yo tengo 26 años, no tengo deudas relevantes, tengo salud, mi familia está bien y aún no tengo hijos. Tengo una buena red de trabajo y he tenido la oportunidad de vivir años profesionales muy intensos principalmente gracias a AIESEC, lo que me ha permitido desarrollar otra serie de actitudes y aptitudes. Finalmente, desde hacía un tiempo había comenzando a trabajar en proyectos propios.
Pensemos ahora en la gran víctima de la actual crisis financiera: el tradicional trabajador despedido. Es una persona que tiene entre 35 y 55 años, ya tiene deudas importantes y posiblemente hijos. Está casado y su pareja tendrá que trabajar el doble. Esta persona tenía planes de viajar, de arreglar la casa, de comprarse ropa, de aprender otro idioma, de darle una buena educación a sus hijos y de tal vez permitirles viajar al exterior. Le dió a la empresa durante años su energía, inteligencia y tiempo y de buenas a primeras, se ha quedado sin ese sustento. Lo que es peor, ya no está en una edad atractiva para ser contratado nuevamente, por lo que pasará a ser parte de las largas filas de los servicios gubernamentales de subsidios para desempleados. A 23 de Junio hay alrededor de 4 millones de personas en el Paro en España (proyectados a ser en Septiembre el 20% de la población laboralmente activa) y en el 2009, el número de desempleados podría llegar a 239 millones en el mundo.
La pregunta ahora es: ¿Qué puede hacer ésta persona para seguir con su vida normalmente? Si es afortunada, le emplearán nuevamente y entrará otra vez en el círculo vicioso de tener un sustento, endeudarse, acostumbrarse a la comodidad de una empresa grande y sobre todo, a llegar todos los días con miedo e inseguridad al trabajo porque su vida no depende de sí mismo y al primer capricho corporativo, estará nuevamente en la calle.
Lo otro que puede hacer es emprender. En mi post anterior hablaba de cómo el sistema educativo nos había cortado las alas para intentar evadir el sistema, hacernos a nuestro propio sustento y ganarnos nuestra propia libertad. La forma en que nos educan nos hace materia prima de empresas a las que nos les conviene que sus empleados piensen, creen, discutan, debatan, reten, innoven, interactúen, cambien, evolucionen, etc. Nos educan para tener menos oportunidades y para no saber qué hacer ante las crisis que trae la vida. Por eso el post hablaba de la equivalencia: 1 estudiante = 1 empleado.
¿Qué tal si le damos la vuelta al asunto? Qué tal entonces si hablamos de cómo hacer para que:
1 estudiante = 1 emprendedor
No hablo de ser emprendedor por necesidad (de hecho es curioso cómo el flujo de solicitudes de asesoría para montar empresas se ha disparado a la par con el desempleo). Hablo de emprendedores por vocación: personas capacitadas y aptas para retar los contextos en los que están y promover innovaciones que mejoren la calidad de vida de los que los rodean.
Pero para ésto tenemos que comenzar a construirlos desde sus primeros años en el ciclo educativo. Tenemos que hacerlos niños emprendedores y luego adolescentes emprendedores. ¿Qué hay de tí? ¿Qué pasaría si te despiden en éste momento? ¿Serías capaz de emprender?
3 comments